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Los sabores del día de la Independencia Mexicana

La Independencia Mexicana se festeja el 16 de septiembre, en homenaje al Grito de Dolores. Este rugido fue el llamado para la Libertad, en el glorioso año, para América Latina, de mil ochocientos diez. Conmemorando esa fecha, el país se adorna con los colores Verde, Blanco y Rojo, se preparan comidas familiares y en general la gente se acerca a la plaza principal de su localidad para gritar “Viva México” y de paso algunas otras cosas a las autoridades (desde el Presidente hasta los Presidentes Municipales) que siempre están presentes.
 
La Independencia Mexicana es una fiesta cívica, a pesar de que la Virgen de Guadalupe aparece siempre y no sólo porque la gente es “guadalupana”, sino también porque fue uno de los símbolos que enarboló el cura Hidalgo, padre de la libertad mexicana. Vale decir que el cura Hidalgo murió ejecutado en 1811; por lo que es uno de los tantos mártires de la Independencia Latinoamericana, que a todas luces parece aún no haberse consolidado.
 
Tuve la suerte, este año de 2016, de haber sido invitado a la casa de un amigo de Aguascalientes, quien, como muchos otros, festeja en familia la independencia mexicana. Juan Carlos Quiroz estuvo en Buenos Aires y aquí nos conocimos; él es escritor y uno de los buenos y cuando estuvo en el país, recorrió un montón de lugares, leyendo su poesía e intercambiando versos con otros colegas, participando en acciones poéticas solidarias en lugares muy diversos, desde cárceles y hasta la Biblioteca Nacional. Fue una alegría inmensa que haya parado un par de días en casa y hayamos disfrutado de unos ricos asados (¡aunque no sabía que él lo había disfrutado tanto!).
 
Su casa queda en el centro de la ciudad, en el barrio de San Marcos, uno de los más antiguos de todo Aguas. Es una casa enorme y con por lo menos 100 años de antigüedad, con un patio hermoso y muy amplio. Cuando llegamos, ¡fue toda una sorpresa! Nadie sabía que estábamos en la ciudad, pues unos amigos urdieron el maravilloso plan. El Grito fue entonces también el de la Amistad. Para mí fue entrar en la verdadera casa de la Identidad Mexicana. Pero en el sentido más completo y antropológico que pueda encontrarse. La familia extendida reunida (y no eran ni un cuarto de los que podrían ser o fueron en alguna otra oportunidad). Abuelos, padres, hijos, tíos, sobrinos, primos, amigos, entenados y colados.
 
La fiesta era, como toda fiesta que se precie, una excusa para desplegar toda la riqueza gastronómica mexicana. Había carnitas (carne asada a las brasas), tacos, quesadillas, volcanes, guacamole, chiles, jícamas, en fin una variedad enorme de ingredientes y formas de preparación, muy propia de la cocina mexicana. Y es que esa enorme diversidad y es lo que no entienden nunca los fascistas, es la que genera la cohesión identitaria; aunque parezca una contradicción, en el ámbito de lo local prepondera la variabilidad, en el ámbito de lo global, esas diferencias conforman un todo coherente.
 
Mención especial para los tequilas. Uno de los hermanos de Juan Carlos, evidentemente un experto, se dedicó a preparar los tequilas para la numerosa concurrencia. En especial recuerdo uno (claro, luego del segundo se hace difícil recordar) con jugo de tomate, una delicia, un trago de alta gama que podría venderse en cualquier bar top en el mundo. Porque lo que hace grande a la gastronomía mexicana es su uso cotidiano. No son sólo los ingredientes (tendiendo a infinito) y la forma de prepararlos (combinaciones audaces), sino también el placer con que encaran la tarea.
 
Dejo para el final, la frutilla del postre, o mejor dicho la uva del postre. De golpe sirvieron unas uvas, recubiertas de queso crema y con una cubierta de avena. ¡Nunca se me hubiera ocurrido!. ¿Pueden ustedes imaginarlo?. Una combinación perfecta, una explosión de sabores maravillosos.
 
La velada fue increíble, con charlas de lo más variopintas, desde el fútbol hasta la literatura, pasando por música, mucha música, sobre todo rock en español. Un poco de vergüenza me dio cuando JC empezó a hablar de lo buenos que eran los asados en casa y los comparaba con las carnitas mexicanas. Pero, en honor a la verdad, no hay nada que comparar. A mi me encantan nuestros asados rioplatenses, pero a la variedad culinaria mexicana no hay con que darle.  Y si encima es en un lugar donde te hacen sentir como en tu propia casa, dan ganas de gritar: “¡Viva México Cabrones!”.