Anaquel


Reseña del libro “S.O.S. Alergia alimentaria. Guía de Supervivencia”

 
El médico Gustavo Andrés Marino, presidente de S.O.S. Alergia y jefe de Alergología e Inmunología Clínica del Hospital Universitario Austral y Silvia Smid, directora de Alimentación de la fundación S.O.S Alergia, escribieron esta guía de supervivencia (como ellos mismos dicen) sobre las alergias alimentarias. Sin ánimo de alarmar, sino de concientizar, el texto sirve tanto para quienes padecen de algunas de las alergias alimentarias, como para los miembros de sus familias pero también para el público lego, como yo, que por curiosidad principalmente y en segundo lugar por un sentido de prevención general, nos sentimos atraídos por estos temas. Lo maravilloso del texto es también que es colectivo, dando cuenta de que las enfermedades no son un padecimiento de un individuo, circunstancialmente paciente, sino de todo el entorno que lo rodea, tanto el inmediato como el general.
 
El libro es muy didáctico y comienza definiendo qué es la alergia. Y este es un dato no menor acerca de cómo está estructurado el libro, ya que teniendo las bases claras, es más sencillo entender luego los efectos y causas, así como los procedimientos terapéuticos. A partir de esta definición los autores nos introducen en las manifestaciones que se producen a partir de un episodio de alergia, en los diferentes tipos de alergenos, en los cuidados que hay que tener en lo que se denomina contaminación cruzada y hasta un método para leer las etiquetas y rótulos de los alimentos y encontrar las fuentes que pueden desencadenar estos episodios de alergia. En este mismo capítulo nos muestra la forma en que la comunicación con el médico puede ser mucho más fluida y por ende con mayores chances de éxito. Nos proponen un cuestionario y nos cuenta los diferentes tipos de estudio que se le realizan a los pacientes. 
 
El capítulo 2 es el que nos cuenta cómo reconocer una anafilaxia y las manifestaciones físicas que son las señales de que un shock está cerca. Nos muestran unos criterios muy valiosos a la hora de realizar el autodiagnóstico, que en definitiva es el que va a decidir cómo actuar. Incluso nos ilustra de qué forma hay que actuar frente a una reacción; claro que siempre recordándonos la importancia de llamar al médico.
 
El capítulo 3 nos brinda los cuidados nutricionales necesarios para llevar una dieta restrictiva. Está separado por los diferentes tipos de alimentos que pueden causar la alergia. También hace referencia a las alergias combinadas y a las carencias nutricionales que puedan llegar a sobrevenir.

El capítulo 4 es sobre la manipulación de los alimentos. Las reglamentaciones que hay al respecto, las manipulaciones adecuadas para evitar las contaminaciones, cómo almacenar a los productos que puedan ser potencialmente alergénicos para que no contaminen a los otros y hasta la forma de reconocer a los componentes ocultos.

En el capítulo 5 se analiza la relación entre la alergia alimentaria y la escuela, lo cual es fundamental cuando los pacientes son pediátricos. Se trata el tema de las autoridades escolares, así como los procesos de socialización. No hay que olvidar que entre los primates humanos los alimentos son una parte fundamental de la vida social.
 
El capítulo 6 es una reflexión sobre las lecciones que se pueden extraer de un padecimiento crónico como es la alergia. La oportunidad para el aprendizaje y la gratitud necesaria se ponen de manifiesto en este acápite.
 
En el capítulo 7 se expresan los padres y los propios pacientes. Con una pequeña introducción del Dr. Marino, los testimonios relatan desde un lugar íntimo, las dudas, preocupaciones, sufrimientos y alegrías (que las hay) de quienes padecen la enfermedad, porque padecerla la padecen todos.

El capítulo 8 está especialmente dedicado a aquellos pacientes que ya poseen el duro diagnóstico y que deben enfrentar un conjunto de desafíos para los que es menester contar con información precisa y confiable.
 
Por último el capítulo 9. Este apartado es un verdadero paraíso de recetas, tanto saladas como dulces, pensadas para los pacientes con los diferentes tipos de alergias. El final es un bálsamo, ya que se propone, además de lo delicioso, rescatar una de las cosas más importantes que tiene la alimentación, que es el poder compartirla.
 
Dr. Diego Díaz Córdova