Anaquel

Crónicas de Viaje II (Portugal, Bodegas y Vinos)

Ir a Portugal, tierra de Fados y ondulaciones, de lugares inolvidables como Sintra cerca de Lisboa (a la que Lord Byron llamó “la Aldea más encantadora de Europa”) y su mágico Castillo de la Pena –llamado así por estar en lo alto de una peña-, de vivos colores.  Y, por supuesto no llegarse a conocer Porto y sus vinos, es impensable.

Pero antes, también probamos en Lisboa los vinhos verdes, elaborados con la uva Albariño, una variedad principalmente de la provincia de Minho. Se trata de un vino joven, con algo de “aguja”. Adecuado para comer frutos de mar y comidas ligeras. Y que venían de perlas para aplacar el calor disfrutando al mismo tiempo.

De Lisboa viajamos a Porto. Una hermosa ciudad con sitios entrañables. Caminar por sus calles del casco antiguo es un placer. Pero también el centro tiene lo suyo, como hacer un alto en el tradicional Café Majestic, fundado en 1921. La experiencia no tiene precio. Su diseño y la decoración nos llevaron a otros tiempos, acunados por la música de un piano de cola mientras apurábamos un  buen café. Otra parada fue en la Librería Lello, en la Rua das Carmelitas 144, cerca de la iglesia y la Torre dos Clérigos y es realmente imprescindible, ya que se trata de una de las más bellas y antigüas de Europa. Data de 1869 cuando fue fundada como “Livraria Internacional de Ernesto Chardron”. Dentro, su escalera impresiona con forma sinuosa de caracol, elegante por la belleza de su diseño, lo mismo que los vitreaux y ventanales. Los bustos de grandes escritores portugueses reciben a los centenares de turistas que apenas dejan espacio libre. Allí están Eça de Queiroz, Camilo Castelo Branco, Antero de Quental, Tomás Ribeiro, Guerra Junquiero…

La otra meta era visitar la Bodega Cave Ferreira, del Grupo Sogrape, productora de grandes  vinos de Porto en tres establecimientos: Sandeman, Offley y Ferreira. Y en Argentina Bodegas Flichman. Atravesamos un largo puente (de Don Luis I) caminando por arriba... bien arriba, tomando fotos, del Río Duero, con sus casas de colores asomadas desde la barranca y los frágiles barcos anclados, que nos muestran como solían llevar su preciosa carga líquida a Inglaterra y otros ansiosos compradores.

Y luego de la caminata, llegamos a la ribera donde una bodega sucede a la otra. Es Vila Nova de Gaia y allí nos recibió cordialmente Ines Vaz, con quien recorrimos la bodega y luego nos ofreció una Degustación muy especial. Fundada en 1751, hoy en manos del Grupo Sogrape, que tienen las premisas de mantener la tradición ligada a la innovación .

El edificio fue construido sobre un antiguo convento y ya de entrada se ve que es una de las más especiales de la zona, con altísimos techos altos de maderas antigüas y el aroma mezcla de vinos, dulzuras y madera. Y con su historia, signada por una mujer, Antónia Adelaide Ferreira (como sucedió con otras grandes bodegas de Europa), que contribuyó significativamente para la consolidación de la marca. Doña Antonia Adelaide con su impulso, labor  e ideas  se convirtió en “un mito y un símbolo de la fuerza, frente a la adversidad del Douro en el siglo XIX”.

La recorrida súper interesante, diría fascinante por lo umbrío de sus antigüas cavas y el contraste con modernas cubas de acero.  Más allá de su aureola de encanto, vemos que los procesos posteriores a la elaboración son implementados con la última tecnología (por ejemplo en el sistema de la estiba). Sus vinos Porto van desde los ligeros y frutados con 3 años de crianza, a los de 10 y 20 años. Aunque en la Cava vimos botellas cuidadosamente estibadas desde 1815. Que testean de vez en cuando (nos encantaría estar en esas catas!!!).

En la elaboración nos explican que la fermentación se corta con brandy vínico de 77°. Probamos un Vintage 2011 (uno de los mejores años, nos aclaran), envejecido en la cuba durante 2 años, con delicada fruta madura que es una explosión de sabor en la boca.

El 2010 es más claro, delicado, igualmente sensual en la boca, que aun no está en el mercado. Y llegamos a Doña Antonia Reserva, con 7 años de barrica. Castaño claro, muy sabroso, donde se nota la madera en agradables toques en la boca y nariz. Por fin el Tawny de 10 años, encantadoramente amable. Y el Old Tawny con 20 años… glorioso fin de fiesta! Aroma  mermelada, especias y fruta seca y boca golosa, de taninos muy equilibrados. Que se banca quesos fuertes, postres muy dulces, frutas secas y servido fresco, postres frutales. Gracias Ines Vaz por recibirnos. Y nos vamos de Porto con pesar… aunque nos esperan mas experiencias…